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Alimentación en edad escolar ¿Qué dicen los expertos?

Alimentación en edad escolar ¿Qué dicen los expertos?

Durante los últimos años ha crecido el interés de la sociedad por distintos aspectos relacionados con la nutrición en niños y adolescentes, así como por los trastornos relacionados con los hábitos alimenticios, como la obesidad o la anorexia. Sin embargo, son muy pocas las familias que cuentan con el tiempo y la información suficientes para planificar correctamente la alimentación de sus hijos.

Mónica Arias (CEI Grazalema) / Francisco Collado (Colegio ECOS)

Un estudio realizado a finales de 2007 por la consultora PAC, revela que la mayoría de los padres reconoce carecer de información suficiente para fomentar hábitos de nutrición saludables en sus hijos. La mayor parte de las 1.620 familias de toda España que participaron en la investigación señalaron como principal obstáculo para planificar adecuadamente la  alimentación la dificultad para conciliar la vida laboral y familiar.

Según todos los expertos, la alimentación es un elemento fundamental para el desarrollo completo del potencial físico e intelectual de los niños. Está demostrado cómo la malnutrición (tanto por exceso como por defecto) en las primeras etapas de la vida, puede limitar a largo plazo la capacidad de aprendizaje y de desarrollo intelectual, además de favorecer la aparición temprana de enfermedades cada vez más frecuentes como la hipertensión, la diabetes, la caries o la obesidad. Por todo ello, es indispensable que las familias cuenten con una información contrastada acerca de los principios básicos que deben regir la alimentación de sus hijos en cada una de las etapas del desarrollo.

La primera infancia

La edad de 0 a 3 años se caracteriza por ser una etapa de crecimiento rápido, sobre todo el primer año, lo que condiciona unos requerimientos nutricionales más altos. Es también una etapa de transición, desde la leche materna hacia la alimentación común a la del resto de la familia. En esta etapa se forman hábitos que pueden perdurar el resto de la vida.

Los padres deben tener en cuenta los principales objetivos de la alimentación en esta etapa: cubrir las necesidades energéticas que permitan el crecimiento y desarrollo óptimo del  organismo, iniciar la prevención de enfermedades crónicas del adulto relacionadas con la alimentación; ayudar a que el niño adquiera hábitos alimentarios saludables; y satisfacer las necesidades afectivas y otras específicamente humanas ligadas a la alimentación.

La alimentación óptima y natural para los bebés de 0 a 6 meses es la lactancia materna. Además de ser higiénica y económica, favorece de forma especial el vínculo materno-infantil; protege a los niños frente a enfermedades presentes y futuras; y ayuda a la recuperación de las madres después del parto.

A partir de los seis meses se inicia la introducción progresiva de los alimentos distintos de la leche materna o sus sucedáneos. Los expertos recomiendan que se introduzcan de uno en uno, en una cantidad pequeña, que habrá que ir aumentando progresivamente. Al principio, es posible que el pequeño rechace los nuevos alimentos; se trata de una reacción normal que habrá de superarse con paciencia e insistencia. Por eso, en esta etapa resulta muy conveniente la existencia de una buena interrelación entre el niño y la persona que le da de comer.

En este momento, los alimentos constituyen una novedad perceptiva para los niños, con la que querrán experimentar. Es además una fase en la que el paladar empieza a conocer y diferenciar los sabores, por lo que es recomendable proporcionar a los pequeños los alimentos con su sabor natural, sin aderezos dulces o salados que pueden mermar su sentido del gusto.

Está demostrado que los niños pequeños consumen cantidades adecuadas de nutrientes y energía si se asegura su acceso a una amplia variedad de alimentos de todos los grupos, incluida la verdura, evitando aquellos excesivamente dulces o salados a los que se les ha añadido azúcar, edulcorantes o sal.

Alimentación en periodo preescolar y escolar

Al cumplir los tres años, el ritmo de crecimiento se hace más lento y estable; la talla aumenta de 5 a 7 cm por año y la ganancia de peso sigue una curva ascendente, en torno a 2,5-3 kg por año. Esta ralentización del incremento de la masa corporal tiene como consecuencia una disminución de las necesidades energéticas.

La importancia de la educación nutricional en los años preescolares viene determinada porque los pequeños inician el control de sí mismos y del ambiente. En concreto, es el momento en el que surgirán preferencias de unos alimentos en detrimento de otros. Si bien en esta elección influyen factores genéticos, parece tener mucha importancia la observación e imitación que el niño hace de su entorno, de tal modo que tenderá a comer lo mismo que los adultos que le rodean.

A partir de este momento, y hasta los 12 años, se inicia una etapa del desarrollo en la que, según los especialistas, los padres deben tener presentes una serie de pautas que garanticen una correcta alimentación. La prioridad es asegurar el aporte calórico suficiente en función de la edad y la actividad física e intelectual del pequeño, manteniendo una correcta proporción entre los principios nutritivos. En general, es aconsejable reducir el consumo de carnes grasas, dulces, alimentos fritos y salsas, así como el exceso de sal. Por el contrario, debe potenciarse la presencia en el menú de pescado, aceite de oliva y cereales, buscando el equilibrio entre las proteínas de origen animal y vegetal.

Los expertos aconsejan distribuir la alimentación de los escolares en cuatro o incluso cinco comidas diarias, comenzando por un desayuno completo, que debe aportar alrededor del 25% de las necesidades diarias de energía. Es muy importante limitar el consumo de chucherías: productos industriales con escaso valor nutricional pero con unas altas dosis de azúcares y grasas. Igualmente, los menús de comida rápida, tan populares a estas edades, no deben suponer más que una excepción en la alimentación del niño.

Francisco Collado, profesor del colegio Ecos (Marbella) y especialista en nutrición, destaca la influencia de los factores que rodean al propio acto de alimentarse en el desarrollo de hábitos saludables en los escolares. Los padres han de “establecer un cierto ritual en la alimentación, mediante la comida en familia,  procurando que se genere un ambiente calmado y tranquilo, y desarrollando actitudes positivas ante los buenas prácticas alimenticias”. En esta línea, es fundamental “establecer un horario organizado de comidas, que no sea estricto, pero sí regular”.

Comedores escolares

Cambios en la estructura social, como la incorporación de la mujer al mercado laboral, han tenido como consecuencia que cada vez los adultos dispongan de menos tiempo para atender a sus hijos. Por esta razón, es cada vez mayor el número de menores (un 38%, según el estudio antes citado) que comen en guarderías y colegios. Estos centros suplen las  responsabilidades que antes eran asumidas por las familias, en aspectos como la educación nutricional y la formación en hábitos relacionados con la alimentación.

“Un comedor escolar ayuda a desarrollar un parte muy importante de la educación de un niño. Es básico que las pautas y estrategias para una correcta alimentación se traten de seguir al unísono en el colegio y la familia”, señala Mónica Arias, directora del Centro de Educación Infantil Grazalema, de Attendis. El objetivo de estos comedores es “asegurar un aporte calórico-proteico adecuado, ayudar a los escolares a adquirir hábitos alimenticios sanos y complementar los menús familiares sugiriendo posibles cenas a los padres”. Pero, como señala Arias, “la alimentación no sólo consiste en la ingesta de alimentos, sino que tiene un componente de socialización, aprendizaje y buenos hábitos”, por lo que el cometido de un buen comedor escolar no deber limitarse a estos aspectos, “sino que ha de extenderse a la formación en valores relacionados con la fortaleza, las habilidades sociales, el orden o la generosidad”.

Adolescentes y “dietas milagro”

Con la adolescencia se abre una nueva etapa en la vida del individuo, marcada por cambios en el desarrollo físico y psicológico que inciden en el comportamiento y, cómo no, en los patrones alimenticios.

Como consecuencia de una vida social más intensa, los chicos y chicas de esta edad pueden caer en prácticas poco saludables desde el punto de vista dietético: el consumo incontrolado de snacks, sobre todo entre comidas; la afición por la comida rápida, en especial pizzas y hamburguesas, con un alto contenido en grasa y sodio pero escasa en cuanto al aporte de micronutrientes; el consumo de alcohol o tabaco, etc.

Por otro lado, los adolescentes constituyen un colectivo especialmente sensible a la influencia de las modas y los medios de comunicación. Este hecho, unido a la inseguridad propia de esta tapa del desarrollo de la personalidad, puede conducir a jóvenes insatisfechos con su aspecto físico a recurrir a dietas alternativas. Los padres deben estar especialmente alerta ante este tipo de prácticas alimenticias, entre las que se encuentran las denominadas “dietas milagro”, carentes de toda base científica, y que pueden estar en el origen de serios trastornos nutricionales.

Ante la sospecha de patologías como la bulimia o la anorexia, los expertos aconsejan acudir rápidamente a un médico especialista para que realice el diagnóstico. En cualquier caso, el plan de actuación ante un problema de este tipo deberá afrontar la situación desde todos sus frentes, mediante una acción conjunta de padres, docentes, médicos y, en su caso, psicólogos.

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