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29 ENE

La profesora de Educación Infantil Marian González Coriat, nos explica la importancia de la psicomotricidad en los primeros años de vida de un niño.

¿Cuál es la edad idónea para comenzar la psicomotricidad en un niño?

¡Indudablemente, desde que nace!, la psicomotricidad influye valiosamente en el desarrollo integral de la persona (objetivo principal del Proyecto Príncipe), porque abarca todos los aspectos del desarrollo: motor, afectivo, cognitivo y la formación personal y en valores. Es muy positivo trabajarla desde su nacimiento, favoreciendo primero el desarrollo del tono muscular con masajes, baños, movimientos suaves guiados, con diferentes posturas, y sobre todo y en definitiva, estimulando sus canales perceptivos y las primeras etapas del movimiento (arrastre, gateo, equilibrio con apoyo, equilibrio sin apoyo, marcha y carrera).

¿Qué ejercicios son fundamentales para llevar a cabo un completo ejercicio de psicomotricidad?

Para trabajar la psicomotricidad de forma óptima, incorporamos ejercicios y actividades concretas en circuitos neuromotores y sesiones de juegos dirigidos, que practicamos a diario en aulas específicas y con materiales adaptados.

Se trabaja a través del arrastre, un ejercicio de desplazamiento que trabaja el patrón de esquema cruzado, lo que supone el desarrollo de los dos hemisferios cerebrales y de las conexiones que se establecen entre ambos. Además se desarrolla la coordinación ojo-mano, gracias a los movimientos de las manos procurando que los ojos enfoquen de una mano a otra, y desarrollar así la visión de la línea media del ojo.

El gateo, es otro ejercicio de desplazamiento en patrón de esquema cruzado, que además de desarrollar capacidades motrices como la coordinación, orientación espacial, etc, favorece el desarrollo de la convergencia ocular, es decir, desarrolla la capacidad de converger los ojos para enfocarlos juntos al fijar la mirada a un punto en concreto.

El equilibrio lo trabajamos tanto de forma dinámica, utilizando distintas formas de desplazamiento: gateando, andando, saltando…, como de forma estática, por ejemplo al caer después de realizar un salto de altura.

Los giros, los practicamos a través de rotaciones con el propio cuerpo utilizando colchonetas y rampas, con lo que favorecemos el desarrollo de la percepción y orientación en el espacio, además de la coordinación y el equilibrio.

A través de sesiones de Juegos Dirigidos trabajamos, además las habilidades físicas básicas como lanzamientos, recepciones, conducción de objetos, desplazamientos en el espacio, etc; la flexibilidad, la coordinación, el equilibrio, el tono muscular, la velocidad… y además, a través de estos juegos, se fomentan en gran medida las relaciones sociales entre iguales y la interiorización de valores, tanto morales (ante una contrariedad: fortaleza), como sociales (ante una necesidad de un compañero: generosidad)

¿De qué manera influirá realizar psico en el desarrollo de un niño y en qué aspectos cotidianos mejora o refuerza el realizar ejercicios de psico habitualmente?

A través de la práctica habitual de la psicomotricidad conseguimos desarrollar habilidades y destrezas que influirán directamente en la estimulación temprana de su desarrollo en aspectos como:

La autonomía personal, imprescindible para que ejecute por sí solo lo que va aprendiendo, además de ser capaz de seguir el ritmo de las diferentes rutinas diarias.

La percepción de sí mismo y de sus capacidades de acción, con lo que conseguirá seguridad en sí mismo para “verse capaz” ante nuevos aprendizajes.

Con los ejercicios de arrastre favorecemos el desarrollo óptimo de la visión de la línea media del ojo. Las capacidades de enfocar a corta distancia y la coordinación óculo-manual utilizadas en el acto de arrastrarse son las mismas habilidades que el niño utilizará cuando aprenda a escribir y a leer.

Con los ejercicios de gateo favorecemos el desarrollo de la convergencia ocular  necesaria para enfocar correctamente al mirar, por ejemplo, a la pizarra desde su sitio.

Las actividades para la lateralización: Definir la lateralidad favorece el aprendizaje lecto-escritor y la completa madurez del lenguaje, además de poder realizar las habilidades y destrezas requeridas para el desenvolvimiento en la vida diaria.

Actividades y juegos que desarrollan conductas perceptivo-motrices, relacionadas con la organización, localización, estructuración espacio-temporal, y el ritmo. Muy relacionadas con el aprendizaje de lecto escritor, las matemáticas e incluso con la correcta organización y estructuración en una libreta o folio.

Juegos dirigidos con los que trabajamos: Expresión y ritmo, que desarrolla la comunicación a través del propio cuerpo. Esquema corporal, que nos permite conocer nuestro cuerpo y sus posibilidades de acción. Juego y movimiento, el juego motor es uno de los medios por excelencia para el desarrollo afectivo y social en estas edades: es la forma más natural de relación e interacción entre iguales.

 

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